martes, 4 de noviembre de 2014

Carta de Paul Laverty a Obama, Netanyahu y Durão Barroso sobre el Tribunal Russell

Paul Laverty participó como miembro del Jurado del Tribunal Russell sobre Palestina, en el que se escucharon testimonios de expertos sobre la situación en Gaza tras los 51 días de los ataques violentos ocurridos entre julio y agosto de 2014. Esta sesión de emergencia tuvo lugar el 24 de septiembre del 2014 en Bruselas.

c/o Sixteen Films Londres. Octubre, 2014

Estimados Presidente de los Estados Unidos de América, Sr. Barack Obama, Primer Ministro de Israel, Sr. Benjamin Netanyahu, y Sr. José Manuel Durao Barroso, Presidente de la Comisión Europea, por algún extraño giro del destino, ya que yo me dedico a escribir guiones de cine, formé parte de la Sesión de Emergencia del Tribunal Russell sobre Palestina, celebrada en Bruselas el pasado 24 de Septiembre de 2014. Siento que es mi deber escribirles para hacerles saber lo que nos contaron los testigos presenciales que estuvimos escuchando.


Existe una larga tradición de testigos que denuncian lo que han presenciado ante personas que ostentan el poder. Bartolomé de Las Casas y el Padre Montesinos (este último murió asesinado) fueron dos curas radicales del siglo XVI que relataron lo que habían visto con sus propios ojos ante los reyes Isabel y Fernando de España: las masacres y abusos cometidos contra los Indios, en lo que ahora se conoce como Latinoamérica. Las suyas fueron las primeras voces de conciencia que se levantaron contra el Imperio y hoy en día, quinientos años más tarde, las declaraciones del padre Bartolomé aún pueden leerse. ¿Sentirían ellos en su corazón que su gesto era ingenuo? En la sesión de emergencia sobre Palestina, pude escuchar el relato de testigos presenciales junto al resto de los miembros del jurado, que incluye a personas como Roger Waters (perteneciente a Pink Floyd), Vandana Shiva o el prestigioso pensador sobre el medio ambiente, Ronald Kasrils, un antiguo combatiente por la libertad de Sudáfrica (Presidente Obama, usted disfrutaría de sus historias sobre cómo consiguió escapar de asesinos a sueldo en Londres). El Sr. Kasrils se convertiría con el tiempo en Ministro de los Servicios de Inteligencia en su país, lo que demuestra que en ocasiones puede llegarse a transformar el poder político.

También tuve la suerte de conocer a alguno de los abogados más importantes a nivel mundial, como Michael Mansfield, que en la investigación de Hillsborough representa a las maravillosas familias de Liverpool; o John Dugard, un respetado jurista que llegó a integrar la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas; así como Richard Falk, ex-Relator Especial para Naciones Unidas de los Territorios Ocupados, a quien me referiré más adelante. Estoy seguro de que también les resultarán familiares el resto de los miembros del jurado: el premiado novelista del Cairo, Ahdaf Soueif, cuyos apasionantes relatos de la revolución y contra-revolución en Egipto nos han fascinado a tantos de nosotros; mi colega y también cineasta Ken Loach; Miguel Ángel Estrella (encarcelado y torturado por la dictadura militar uruguaya en 1977, y liberado en 1980), pianista de música clásica y Embajador de Buena Voluntad de la UNESCO; y la defensora de los derechos humanos y activista contra la tortura en su país, Túnez, Radhia Nasraoui, que vive hoy bajo amenazas de muerte.

Pero, permítanme unos preliminares. ¿Por qué les estoy escribiendo?

Por una razón muy sencilla: ustedes tres tienen la capacidad y la responsabilidad de cambiar las vidas de los 1,8 millones habitantes de Gaza. Ustedes tres pueden comenzar el largo proceso que permita rescatar el imperio de la ley del ridículo. En cuanto al Tribunal Russell, añadiré unos cuantos datos. Como ya saben, la primera regla en política es averiguar el origen del dinero y así se descubre la verdadera naturaleza de cualquier institución. Pues bien, esta sesión de emergencia se ha improvisado apresuradamente gracias a los esfuerzos de varias ONG, organizaciones locales, sindicatos, fundaciones y grupos religiosos a quienes no les sobra el dinero. Es decir, que esta iniciativa cívica haya tenido lugar se debe al esfuerzo de docenas de voluntarios.

En segundo término, hay que añadir que el Tribunal Russell no pretende conducir un proceso judicial. Tal y como expresó el profesor Richard Falk, “es un lugar para decir verdades”. No se busca descubrir y demostrar la verdad, como se debe hacer en un juicio criminal, sino documentar los testimonios de testigos presenciales, muchos de los cuales son ya de dominio público, para, mediante la ayuda de expertos legales, enmarcar los hechos en el contexto de la ley internacional y sacar conclusiones. Es posible que puedan llegar a manejarse algunos datos inexactos, pero en su conjunto, los testimonios que hemos escuchado tienen la fiabilidad que les otorga ser las experiencias vividas en primera persona por los propios testigos.

Y si, claro, el gobierno israelí fue invitado a participar, pero declinó presentar ningún testimonio.

En lo que se refiere a Gaza, el punto de partida y hecho esencial, en términos de ley internacional, como bien dijo el Sr. Michael Mansfield, es que se trata de un territorio ocupado ilegalmente, y como consecuencia, su población tiene exactamente el mismo y legítimo derecho a oponerse a la ocupación israelí, que el que tuvo la Resistencia Francesa a oponerse a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Acaso no es éste un detalle determinante que parece habérsele escapado a prácticamente todos los reporteros y presentadores de noticias cuando contextualizan las historias en referencia al conflicto en Gaza? Qué eficaz ha resultado la combinación de tergiversar las noticias, bailarle el agua a los poderosos y hacer periodismo mediocre (salvo algunas valientes excepciones) para defender ciertos intereses y crear un “sentido común” falseado. Tim Llewellyn, verterano reportero en Oriente Medio para la BBC, que conoce la Corporación como la palma de su mano, dijo recientemente en una reunión en Londres que a cualquier persona que ose cuestionar el discurso dominante le “mandan castigado a su habitación”.

Y sí, el Tribunal acepta que el ataque indiscriminado contra la población israelí con misiles lanzados por combatientes de la resistencia, que provocaron la muerte de 7 personas, es un crimen contra la ley internacional.

Entonces, ¿por qué molestarse en crear el Tribunal?

Mientras escuchaba cómo algunas de las mentes más brillantes del mundo del Derecho interpretaban estatutos y daban opiniones legales, no podía evitar imaginarme historias de ciencia ficción en realidades paralelas. Sí, la ley internacional y las obligaciones legales existen, pero son tan poco tangibles como la neblina matutina para los ciudadanos de Gaza. Presidente Obama, su país veta investigaciones y procesamientos a través del Consejo de Seguridad. Sr. Netanyahu, cuando los miembros de las Naciones Unidas llegan a algún consenso o resolución, su país lo ignora o descarta, como sucedió, por ejemplo, con la decisión de la Corte Internacional de Justicia (que ganó por mayoría de 14-1), que condenaba la muralla que recorría los Territorios Ocupados Palestinos. Y Sr. Barroso, ¿no le parece una vergüenza presionar al presidente palestino Mahmoud Abbas, amenazándole con frenar las ayudas a Palestina, para que no ratifique la Corte Penal Internacional, lo que le daría acceso a poder iniciar procedimientos legales? La triste verdad es que la Ley Internacional existe sobre el papel, pero tan sólo se aplica cuando les conviene a los poderosos. Y así, esta enorme distancia entre lo plasmado sobre el papel y la realidad, esta Gran Hipocresía, se hace obvia para todos los pobres, marginados e iracundos del mundo. Y les corresponde a ellos crear un Tribunal del Pueblo ad hoc, sin financiación, para intentar lanzar un pequeño puente de esperanza que cruce el gigantesco hueco que hay entre la existencia de la ley y la aplicación de la misma.

Es por eso que tuvimos la Sesión de Emergencia del Tribunal Russell en Bruselas, el único foro público en el que se ha prestado atención a esta herida abierta, como ya hizo Bertrand Russell hace muchos años, cuando creó el primer Tribunal sobre Vietnam y en cuya iniciativa nos inspiramos. El 13 de noviembre de 1966 Bertrand Russell escribió: “que este Tribunal impida el crimen del silencio”.

Cuando entramos en el Albert Hall, en el centro de Bruselas, estaba esperándonos ya una silenciosa y digna multitud de unas 500 personas, dispuesta a escuchar los testimonios. Y, Sr. Netanyahu, no había en dicha multitud señal alguna de racistas o anti-semitas. Los allí reunidos eran una amplia representación de la población local, desde jóvenes estudiantes hasta ancianos y ancianas ya jubilados, horrorizados y escandalizados por las imágenes que habían visto en la televisión a lo largo del verano. Un público que se habría conmovido igualmente al ver las imágenes del documental, el más horrible que he visto jamás, de Alan Resnais, y escrito por Jean Cayrol (superviviente de un campo de concentración), llamado “Noche y Niebla” y filmado en Auschwitz en 1955. Se lo recomiendo a todo el mundo.

Aquella mañana, en esos primeros momentos de tensión, mientras me sentía como un impostor en una situación que superaba con creces mi competencia (¿alguna vez se sienten así ustedes, hombres poderosos?), me vino a la mente un personaje histórico que hace poco tuve la suerte de descubrir. Me gustaría presentárselo a ustedes: se llamaba Adomnán. Fue el noveno Abad de Iona, una famosa isla en la costa Oeste de Escocia, donde San Columba construyó su primer monasterio. Mientras miraba al público, me imaginé a 500 Adomnanes. Adomnán fue un hombre que sentía gran compasión por los inocentes en tiempos de guerra. Le horrorizaba en particular el sufrimiento de mujeres y niños. Así que en el año 697 convocó un sínodo con los grandes pensadores del Derecho de la época. Sí, mil trescientos diecisiete años antes de que la noción del estado nación si quiera existiese. Reunió a 91 hombres, entre reyes, obispos, líderes y abades – un verdadero compendio de los hombres más poderosos de la época – y milagrosamente les convenció para que viajaran hasta un lugar llamado Birr, en lo que es ahora el Condado Offaly en Irlanda. Y en el año 697, hace ya 1.317 años, no solo consiguieron formular la “Lex Innocentium”, una serie de normas que protegían en periodo de guerra a mujeres, niños y personas del clero que no poseían armas, sino que también consiguieron que estos 91 hombres garantizasen la ley y establecieran multas y penalizaciones para aquellos que no la cumplieran. Estos líderes acordaron que dichas leyes serían vinculantes en sus territorios. En otras palabras, crearon una ley internacional vinculante para proteger a los inocentes. Un excelente y magnífico ejemplo de organización y decencia que parece haberse perdido en la historia.

Mientras nos dirigíamos a nuestros asientos en ese 24 de Septiembre de 2014, en pleno centro de la civilizada Europa, a pocos pasos de las oficinas centrales de la Comisión Europea, me pregunté si a Adomnán le habría costado tanto implementar la Lex Innocentum hace 1.317 años, como nos cuesta a nosotros hoy implementar el Tratado de Ginebra.

Antes de hablar de los testigos a los que estuvimos escuchando, me gustaría hacer referencia a los que no pudimos escuchar. A dos de los tres testigos que tenían que venir de Gaza no les permitieron salir y viajar hasta Bruselas para dar su testimonio. ¿Sería eso por intervención de Israel, de Egipto, o quizás una colaboración entre ambos? El primero es Raji Sourani, el respetado activista de derechos humanos, ganador del Premio de Derechos Humanos Robert F. Kennedy, antiguo prisionero de conciencia, entre otras muchas cosas y co-fundador del Centro de los Derechos Humanos en Gaza. El segundo es Ashraf Mashharawi, un galardonado cineasta palestino, que vive y trabaja en Gaza. De hecho el único testigo que fue capaz de asistir pudo hacerlo gracias a su doble nacionalidad ya que utilizó su segundo pasaporte.

Tuve la oportunidad de hablar con Raji Sourani hace varios años, y lo que me dijo se me quedó grabado. Me contó que los encargados de vigilar los productos que entraban y salían de Gaza en los puestos de control estaban impidiendo, a propósito, la entrada de productos químicos suficientes como para que el agua tuviera un nivel de pureza aceptable. “Nos están envenenando lentamente”, me dijo. Me pregunto qué podría habernos contado Raji esta vez. Hay testimonios que pueden resultar muy perturbadores.

En el año 697 no había conductores de ambulancias. Ojalá que los lectores de este texto hubiesen podido escuchar el testimonio del doctor Mohammed Abou Araab, un cirujano palestino que vive en Noruega y que fue como voluntario a Gaza durante la crisis. Nos contó las vivencias de su colega Mohammad, quien a pesar de ir con uniforme médico y conduciendo una ambulancia reconocible como tal, fue asesinado de un disparo el 25 de julio. Por casualidad, coincidí después con el doctor Mohammed en el aeropuerto, al marchar de Bruselas. Este hombre, discreto y tranquilo, me estuvo contando sobre los agotadores turnos de dieciocho horas, sobre sus intentos desesperados de salvar las vidas de innumerables pacientes salvajemente mutilados. Su relato incluía los heroicos intentos de los sanitarios palestinos, que arriesgan sus vidas y que, a pesar de la escasez de medicinas y materiales, son capaces de improvisar con imaginación la forma de aliviar el sufrimiento de sus agonizantes pacientes.

Mads Gilbert, un cirujano noruego, también prestó un testimonio inquietante. Este hombre, de presencia eléctrica, y capaz de aportar datos cuidadosamente recopilados, habló sobre sus pacientes y nos mostró fotos de los mismos. Yo me preguntaba cómo puede un hombre mantener la calma en medio de tantos cuerpos destrozados, tantas vidas que dependen de sus decisiones instantáneas. Ninguna imagen o enlace de vídeo hubiera estado a la altura del testimonio de este hombre que había tenido que sacarle metralla del cuello a un niño. 83 sanitarios fueron heridos y 21 murieron. 17 de los 32 hospitales sufrieron daños y 6 tuvieron que ser cerrados. Y además de todo esto, Gaza tuvo que lidiar con 10.000 bajas de guerra. Pero las estadísticas nunca están a la altura de las vivencias concretas.

El cirujano nos enseñó la fotografía de un niño enterrado hasta el cuello, atrapado entre dos columnas de cemento, que milagrosamente fue rescatado con vida. O la foto de un doble amputado, o la de un niño en carne viva, sin piel, imágenes que eran casi imposibles de soportar. Vi como uno de los miembros del jurado lloraba mientras Mads Gilbert explicaba su trabajo. Roger Waters comentó más tarde que había sido como descender al infierno. Ken Loach le preguntó a Gilbert si había visto u oído algo que demostrara que miembros de la resistencia estuvieran utilizando esos edificios de atención médica para lanzar ataques; él afirmó no tener ninguna sospecha al respecto. Y de haberla tenido, nos dijo, él y el resto de los sanitarios les habrían exigido que se fueran. ¿Podrían ser los ataques a paramédicos, ambulancias identificadas como tales, hospitales o edificios de atención médica un accidente en mitad del caos? Él descartó tal posibilidad, debido a la intensidad y la envergadura de los mismos. De hecho se preguntaba cómo era posible que fueran accidentales, cuando el propio ejército israelí se jactaba de tener una puntería certera en el 90% de sus ataques. Primer Ministro Netanyahu ¿podría clarificar esto?

Mads Gilbert nos mostró también una carta que él y sus compañeros cirujanos escribieron a Ban Ki Moon, Secretario General de las Naciones Unidas, en pleno apogeo de los bombardeos, suplicando que se crease un corredor de seguridad entre los hospitales y la frontera, para trasladar a los miles de pacientes a los que no podían tratar. Nunca recibieron respuesta. Debería darle vergüenza Sr. Ban Ki Moon. El único palestino que vive en Gaza y que consiguió llegar hasta Bruselas -gracias a su pasaporte holandés- fue un premiado periodista (ganador del premio Martha Gellhorn del 2009), Mohammed Omer, quien nos habló de las ejecuciones rápidas de civiles a manos de israelíes, incluyendo la de un hombre de 64 años. Escuchamos más testimonios sobre civiles hebreo-parlantes siendo seleccionados para ser ejecutados en el momento.

Pero me gustaría llamar la atención sobre el testimonio de un hombre en particular, Eran Efrati. Eran es un ex-sargento del ejército israelí. Él fue uno de los primeros en sacar a la luz el uso de fósforo blanco en la operación Plomo Fundido de 2008. Ha reunido numerosos testimonios que narran cómo francotiradores pertenecientes al ejército israelí ejecutaban civiles. Me encontré con Eran durante un descanso y le pregunté cuál sería el coste para él de estar prestando testimonio. Eran viene de una familia de militares de Israel, quienes han rechazado todo contacto con él; la única relación que ha logrado mantener es con un hermano que vive fuera del país. Me quedé preocupado por su seguridad personal viviendo en Israel y por lo que le pueda pasar en el futuro. Un hombre valiente. En cambio a ustedes, Presidente Obama, Presidente Barroso, mantenerse firmes en los principios que dicen defender, solo les podría acarrear consecuencias políticas.

Las pruebas presentadas por el ex-coronel del ejército irlandés Desmond Travers, un experto militar, fueron apabullantes. Habló de 700 toneladas de artillería descargadas, 14 veces más que en el ataque anterior, la operación Plomo Fundido. Subrayó que los bombardeos masivos contenían, entre quién sabe qué otras cosas, uranio empobrecido, y relató los daños que tales acciones causaron en zonas habitadas. La toxicidad, además, será un legado que perdurará durante años. Desmond nos recordó la tragedia de Faluja, Irak, donde los bebés hoy en día, diez años después del conflicto, aún nacen con terribles malformaciones. Con respecto a las 700 toneladas de artillería mencionadas por el Coronel Travers, Paul Mason, el respetado periodista de las noticias de Channel 4 (cuyos maravillosos reportajes en vivo tanto impacto generaron), nos presentó una pequeña bolsa de plástico con metralla de proyectiles de tanques. En su opinión, estos proyectiles utilizados en lugares altamente poblados eran los que habían causado el daño más terrible entre la población civil. Estos fragmentos, pesados y afilados al tacto, eran exactamente iguales a los que Mads Gilbert había extraído del cuello del niño en la foto que nos enseñó. En su testimonio escrito, Paul Mason afirmó que “muchos de los ataques con misiles no son sino una ejecución extrajudicial de civiles no-combatientes”.

El joven periodista alemán Martin Lejeune, que vivió en una casa junto con otros 72 civiles sin hogar, nos presentó imágenes que demostraban la devastación total de las infraestructuras de Gaza. Según su estimación, aproximadamente un 70% de la capacidad industrial de Gaza había sido destruida, incluyendo la única central eléctrica, la mayor mezquita y el canal de televisión más popular. También las zonas agrícolas habían sido diezmadas, así como buena parte del ganado vacuno, cuyos dueños insistían en que no tenían opinión alguna respecto a Hamas. El número de personas que perdieron sus casas se eleva a cientos de miles; las imágenes de vídeo que mostraban la devastación masiva dejaron la sala en completo silencio.

Primer Ministro Netanyahu, permita que le haga una pregunta directa. Con uno de los ejércitos más sofisticados del mundo, con cámaras en vehículos aéreos no tripulados que captan imágenes de cada metro cuadrado en Gaza (como nos contó Paul Mason), ¿nos puede decir si realmente pretendían bombardear la única fábrica de caramelos que hay en Gaza? ¿O fue quizás un acto de máxima crueldad hacia los niños que habitan esta prisión al aire libre?.

Lo anterior me lleva al testimonio presentado por Ivan Karakashian, coordinador de Defensa Internacional de Los Niños – Palestina. Según estima, el número de niños muertos asciende al menos a 490, y no puedo ahora ni recordar el número de niños heridos. Fue especialmente impactante escuchar cómo adolescentes eran utilizados como escudos humanos por el ejército. A un joven (vimos su entrevista grabada) le forzaron a desnudarse, le interrogaron, le azotaron con alambre de púas y luego le obligaron a quedarse con los soldados durante cinco días para servir como escudo humano. Por supuesto estaba totalmente traumatizado. Pero lo que más me impresionó fue darme cuenta de que en este momento, un niño de apenas ocho años en Gaza ha vivido ya cuatro guerras. Tengo un hijo de siete, no me puedo ni imaginar cómo estará un niño después de semejantes traumas. Las cifras eran abrumadoras, ya no recuerdo el número de niños huérfanos. Ivan Karakashian sostuvo que unos 370.000 niños requieren hoy cuidados psicológicos. ¿Cuántas delicadas conexiones cerebrales en esas pequeñas mentes han sido destrozadas? ¿Cuántas pesadillas que no se irán hasta la llegada de la luz de la mañana? ¿Cuántos sollozos puede contener un pecho? ¿Y qué va a sembrar esto en las generaciones futuras? Si tan solo uno de cada cien niños crece lleno de odio y desesperación, ¿de qué será capaz en el futuro?.

Me abruma el recuerdo del testimonio del periodista independiente canadiense David Sheen, quien actualmente vive en Israel. Quizás fue el más aterrador de todos. David Sheen presentó numerosos ejemplos en los que en las redes sociales isarelíes se llamaba al asesinato de todos los palestinos. A todos nos da vergüenza ajena cuando vemos a esos cretinos anónimos que utilizan Internet para vomitar su odio, pero ¿qué ocurre en su país, primer ministro Netanyahu, cuando políticos consagrados y líderes religiosos piden el asesinato en masa? Escuchamos por ejemplo citas terribles del ya difunto rabino Ovadia Yosef, de quien no se puede decir que sea un personaje marginal cuando 800.000 personas asistieron a su funeral. Asimismo, conocimos el célebre artículo publicado en julio de 2014 por la parlamentaria israelí Ayelet Shaked, en el que se citaba a Uri Elitzur, su antiguo consejero, Sr. Netanyahu, quien escribió: “lo realmente aterrador es darse cuenta de que la población palestina en su totalidad es el enemigo”, por lo que se debía avanzar en la destrucción de “sus ancianos, sus mujeres, sus ciudades y sus pueblos, sus propiedades y sus infraestructuras”, así como de “las madres de los terroristas”, “como también deberían serlo las casas donde crecieron las serpientes”. Esta joven legisladora es una experimentada política en el partido de la Casa Judía que forma parte de su coalición de gobierno.

Pero lo que resulta aún más escalofriante es la carta pública dirigida a usted, Primer Ministro Netanyahu, el 1 de agosto de 2014 escrita por el vice-presidente del Parlamento, el Sr. Moshe Feiglin, perteneciente a su propio partido, Likud. En esta se afirma: “lo que es necesario en este momento es internalizar el hecho de que Oslo se ha acabado, que éste es nuestro país, exclusivamente nuestro país, incluyendo Gaza. No hay dos estados, y no hay dos pueblos. Solo hay un estado para un pueblo”. En un apartado llamado “definiendo las tareas”, pide que se “conquiste la franja de Gaza en su totalidad, y se aniquilen todas las fuerzas armadas y sus simpatizantes”. Dado que los combatientes tienen un amplio apoyo público y que Hamas ganó las elecciones, esto significaría muerte a gran escala.

Otro de sus llamamientos era para “convertir Gaza en Jaffa, una próspera ciudad Israelí con un limitado número de civiles hostiles”.

Y hay mucho más ejemplos que se encuentran con facilidad en Internet. Testigos expertos nos explicaron que dichos llamamientos, de acuerdo a la ley internacional, equivalen a la incitación al genocidio. Esto no es mera demagogia. Muchos de los testigos estaban genuinamente preocupados con la posibilidad del genocidio “en el próximo enfrentamiento”. Paul Mason declaró haber sido testigo de este “discurso del genocidio” en ambas comunidades, pero está claro cuál de las dos tiene la capacidad militar y logística para poder llevarlo a cabo.

Por favor, presten atención, el genocidio es una posibilidad en el horizonte. Genocidio. Me acuerdo del testimonio presentado por el doctor Paul Behrens, un experto en genocidio que enseña en la universidad de Edimburgo. Dijo algo muy importante. El genocidio se confunde a menudo con las masacres a gran escala como fueron el Holocausto, o la tragedia Armenia. Pero según la Convención sobre El Genocidio de 1948, el genocidio no se cifra en una cantidad numérica. Se comete genocidio cuando “se inflige sobre un grupo de personas condiciones de vida diseñadas para causar su destrucción física en su totalidad o en parte”.

En esta línea, Michael Mansfield, defendió que la “mens rea”, o intención de destrucción, se podía deducir a partir de la intensidad y del patrón de los ataques, y que el caso de Gaza merecía al menos una investigación en tal sentido. Aunque finalmente no se incluyeran estas apreciaciones en las conclusiones del Tribunal, sí han recogido una advertencia: “se reconoce que en una situación en la que se cometen crímenes contra la humanidad con tanta impunidad, y en la que se incita al genocidio de manera tan pública y directa en toda la sociedad, se puede concebir que tanto el estado como ciertos individuos, podrían elegir aprovecharse de estas condiciones para perpetrar un crimen de genocidio”.

Primer Ministro Netanyahu, hemos visto claras incitaciones al genocidio, pero ¿nos puede decir si alguno de sus colegas está realmente planeando un genocidio? Si su vice-presidente parlamentario puede proponer lo que dice en público, ¿qué se plantean sus colegas en privado? ¿Por qué no respeta usted la Convención sobre el Genocidio de 1948 y procesan al vicepresidente del Knesset, el Sr. Moshe Feiglin? Hablemos ahora del Sr. Richard Falk. Richard Falk es, entre otras muchas cosas, profesor emérito de Derecho Internacional en Princeton. Entre 2008 y 2014, el Sr. Falk fue Relator Especial de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos en la Palestina Ocupada. En otras palabras, fue dotado con la autoridad de la comunidad internacional por su institución más preeminente, la ONU para uno de los conflictos más largos e importantes. Cuando el Sr. Falk llegó a Israel en mayo del 2008 para llevar a cabo su importante misión, obviamente no se esperaba un recibimiento por todo lo alto. Pero ni siquiera la persona más cínica del mundo podía imaginar lo que sucedió. En cuanto aterrizó, el Sr. Richard Falk, Relator Especial sobre Derechos Humanos de Naciones Unidas, fue arrestado, pasó la noche en una celda con otros prisioneros y fue deportado a la mañana siguiente. Me dijo que la orden había venido directamente del Ministro de Asuntos Exteriores israelí, porque no estaban de acuerdo con su nombramiento. Cuanta debe ser la confianza del gobierno israelí de que quien mueve los hilos pague sus facturas y proteja sus espaldas. Cuando Occidente sermonea sobre la barbarie en este mundo caótico, y la importancia del respeto al Derecho, recordemos al Sr. Richard Falk y este envenenado ejemplo de gran impunidad.

Presidente Obama, el Sr. John Dugard, otro respetado profesor de Derecho y antiguo Relator Especial de las Naciones Unidas, nos contó al Tribunal que Estados Unidos “abastece a Israel con los tanques, los aviones caza, helicópteros y sistemas de misiles más modernos, además de financiar el sistema de defensa Israelí Cúpula de Hierro. Desde 2008 hasta 2018 Estados Unidos va a proveer a Israel con 30 mil millones de dólares en armamento militar”, lo que viene a ser unos 8,5 millones de dólares al día. Dadas estas circunstancias y tras haber examinado con cuidado el Derecho internacional, el Sr, Dugard se pregunta si Estados Unidos no será cómplice de crímenes de guerra. Y concluye “sin duda Estados Unidos tiene que justificar sus acciones”. Presidente Obama, debe ser usted consciente de que la gente no es estúpida y que su apoyo incondicional a Israel socava cualquier declaración pública que haga.

Presidente Barroso, ¿cómo puede defender sanciones contra Rusia,y al mismo tiempo prestar su total cooperación en asuntos de comercio al Estado de Israel? Tampoco olvidamos su contribución a enterrar el informe Goldstone sobre abusos pasados. Permítanme acabar con mi viejo amigo Adomnán, el noveno abad de Iona. Y lo haré citando mi parte favorita de la Lex Innocentium, de hace 1.317 años: “será la misma multa la que pague una persona por cometer el crimen, que la que pague un individuo por no utilizar todas sus fuerzas para proteger a la víctima”.

El noveno abad de Iona no simpatizaba mucho con el espectador pasivo, y sospecho que no veía mucha diferencia entre infractor y colaborador.

Paul Laverty

Paul Laverty es guionista y lleva más de 20 años colaborando con el cineasta Ken Loach. Paul escribió el guión de la película “The Wind That Shakes The Barley” (El viento que agita la cebada), ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 2005. También ha ganado premios al mejor en guión en Cannes y Venecia.

Nota: Al igual que Ken Loach, Paul Laverty participó como miembro del Jurado del Tribunal Russell sobre Palestina, en el que se escucharon testimonios de expertos sobre la situación en Gaza tras los 51 días de los ataques violentos ocurridos entre julio y agosto de 2014. Esta sesión de emergencia tuvo lugar el 24 de septiembre del 2014 en Bruselas.


Traducción de Marta Suárez Con la colaboración de Marco Aparicio